Cultura Opinión

Un virus, una guerra, un amor.

Acerca de La Invasión (2016) de Luzparís.

Por Gabriela Gutiérrez ( acatequierover.tumblr.com )

#1 SENDERO LUMINOSO

Un camino puede ser recorrido de ida y vuelta. También al revés. Hay caminos que son solo de ida. Prefiero quedarme con estos últimos.

Existe una profecía autocumplida en esta canción: “serán carne muerta/ y última esperanza” que se consolida en lo que implica una conquista decidida. Un camino de ida, ya lo dijimos. Sin embargo, esto solo es en el principio, en el envión de la conquista. Luego llega. ¿Quién? El temor, el freno primitivo y omnipresente de la Humanidad. El temor lleva a un vaivén, la incertidumbre comienza a gobernarnos; la lógica es desafiada: “esperan volver antes e llegar”. Ya no pisamos tierra firme.

¿La respuesta? Está en la Naturaleza. Ahí sí. La certidumbre. No volvemos porque ya llegamos: “ el río baja./ Seguro, tan fuerte./ Sabe bien que va al este.”

#2 TITÁN CRUCERO

Cada vez que emprendemos una ruta desconocida nos protagoniza el miedo. Desconfiar de todo lo indicado por el mapa, los amigos viajeros ya experimentados. Prendemos fuego el GPS. Y ahí es cuando ya todo está listo para dudar de todo. “Puede ser que nada sea verdad”. Nos invade el terror y nos exigimos valentía, como cuando éramos chicos y enfrentábamos el mar: sentirnos invadidos por el miedo que esa masa hipnótica de agua y sal nos provocaba era la condición necesaria para luego, poder resistirle (a la marea, al miedo, al límite). No hay resistencia sin invasión.

Otra vez la Naturaleza nos interpela, nos hipnotiza: el mar (enfrentarlo) nos libera, no sin antes ponernos a prueba. “Y el miedo queda atrás”. 

#3 LA INVASIÓN

Poder ver, animarse a ver, tener una visión requiere de valentía. Encarar un desafío también. ¿Y si el entorno es devastador? ¿Si solo queda la debacle? Las ruinas de la guerra no están solamente en los cadáveres y edificios derruidos. La guerra queda adentro nuestro, palpitando y dinamitándose en loop. Ver esto y poder decirlo se torna imposible. La automatización parece ser una alternativa viable. Robots sin paz. 

Luego de un tiempo así, es insostenible seguir de la misma manera. Tachar los días, ¿para qué? “Así es amor, es el final” nos confesamos, nos sinceramos: esa ruina palpitante que nos construimos, que somos, no se rinde. Entre la devastación y la fauna resta resistir.

#4 BIENVENIDO A LA TIERRA

¿Cuántas veces chequeamos el frente de nuestra casa? ¿Qué pasa con esa sensación de constante alarma? Y si el ruido viene desde dentro, ¿ cómo hacer para no perder el control? Nunca esperamos el golpe desde lo íntimo, lo familiar. El Otro siempre tiene que ser superlativo, fácil de marcar, catalogar, clasificar y, ahí sí, podemos atacar.

El Otro no ignora este método poco original y muy usado a través de la historia. El Otro tomará diversas formas para conquistarnos.

No subestimar. No etiquetar. Estar atentos pero no tanto.

¿Caer en la paranoia o ser nosotros los invasores?

#5 VILLA LOBOS

Todo listo para salir. Ruta, campo, vacas y algún tren. Gotitas amenazan. El temporal no nos deja ver, nos abraza el viaje, nos impide seguir camino.

¿Y si no lloviera? Recién despierto, todo listo para partir, salvo esa temperatura que parece venir desde el  averno y que no pide permiso, arruina tus planes.

¿Y si ninguna opción se cumpliera realmente? Llegás a tu destino, tu viaje fue un placer, ahora solo queda registrar, documentarlo todo para guardarlo en una memoria artificial (que perderás u olvidarás). “Al parecer ya nunca más/ veremos el sol y el mar”. Ya nunca más solo el sol y el mar. Mediatizado el paisaje, la tecnología se acomodó para no irse más, actuando como intérprete. Ya no vemos la película en su idioma original, el subtitulado (o doblaje) nos empaña la imagen. Complicándola, infiltrándose en nosotros mismos. Será vital reaccionar.

#6 EL ERROR

Lo desconocido. El miedo. El error es no transitar el primero por culpa el segundo. Tras las líneas enemigas hay tensión siempre. Qué obviedad. Pensar que lo “a conquistar” borra por completo al temor de sus planes es lo más erróneo. Hacer y hacer. Hacer con miedo, incluso. Y cuando ya no hiciste nada queda no caer en la recriminación: “(…) no hay nada más que hablar”.

Quitarse la culpa de tener miedo y haber sido inerte. Te queda un hoy por delante, queda el plano de la percepción. Recorrer las estaciones, sus extremos: habitarlos.

Habrá que elegir entre esto o el no hacer por miedo. No elegir sería remitirnos al comienzo, a la inercia, la parálisis, el error.

#7 ORORO

Un imprevisto. Podés ser víctima de él. Dormirte al volante y eso es en un segundo. Despertar y ver a tu alrededor, reconstruyendo fragmentos de memoria dañada. Un accidente, una catástrofe te arruinan de por vida. 

Primero caes presa de la desesperación intentando explicar lo que no viste. Todo es destrucción. Estás solo, “caminas entre escombros y soledad,/ entre cuerpos que ya no están”, te gobierna la angustia.

¿Qué queda de vos en vos cuando ya no queda nada?

Masiva pulverización de lo que amabas, vas juntando pedacitos entre la borrasca. Nada. No queda nada. Nada. Desierto estás.

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